Ilusiones y miedos

Damos nombres propios a nuestras mascotas, a los parajes únicos, a las tormentas, a nuestras obras artísticas, pero de esta rosa y su perfume, como escribió Umberto Eco, sólo quedará el nombre de la rosa, que es el nombre de todas las rosas.

Asignar un nombre propio a una flor es extraordinario y se explica tan sólo por circunstancias extraordinarias. Fue en Holanda, hacia 1637, cuando un comerciante dio a este hermoso bulbo de tulipán el nombre de Semper Augustus, eternamente hermoso y magnífico. Como todo tulipán, como toda flor, de su olor quedaría sólo el nombre. Hoy nos queda su nombre propio y este retrato, que es el testimonio de una ilusión.

Semper Augustus fue vendido por la suma récord de 6.000 florines en la época de euforia colectiva conocida como Tulipomanía, cuando los bulbos de tulipán eran tan codiciados que se trocaban por carrozas, se postulaban como dotes y eran subastados al alza.

Como en toda euforia especulativa, el último nuevo rico vendió su tulipán al primer nuevo arruinado, que luego vio que nadie quería pagar por su tulipán más de lo que él había pagado, ni siquiera la mitad, y que al día siguiente contempló horrorizado que su ejemplar se iba marchitando.

Las furias especulativas nacen de la tendencia humana a la ilusión colectiva y se imponen en ausencia de una evaluación serena. Cuando eso ocurre, la visión se ofusca. Un muchacho que, asistiendo a la subasta de Semper Augustus, observó que el precio de 6.000 florines no se correspondía con su valor, fue desmentido por el hecho engañoso de que hubo un comprador dispuesto a extender el cheque. Por no callar a tiempo, el muchacho fue objeto de burla entre sus amigos y abandonó el lugar abochornado.

Parece existir un equilibrio entre la ilusión y la evaluación, una balanza cuyo fiel se clava en la base misma de la vida individual y colectiva. Solemos ver la ilusión como ese ánimo optimista que tantas veces nos ayuda a superar nuestros límites y a conseguir cosas que pensábamos difíciles, si no imposibles. Pero quizás exista, como el reverso de la ilusión, otra tendencia oscura y aún más perversa. No sé si este reverso sería el miedo. Como la ilusión, también el miedo puede resultar beneficioso, cuando nos invita a evitar peligros no ya complicados, sino insuperables.

Las furias especulativas también pueden crecer en torno al temor. Igual que la ilusión eleva los precios e impulsa las grandes empresas colectivas, se especula con los miedos, que, agazapados entre nosotros, se presentan de vez en cuando para cobrarnos un precio que no podemos permitirnos y que quizás no valgan.

José Marzo

El bulbo Semper Augustus, acuarela anónima del siglo xvii

(martes 17 de marzo de 2020)

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